Ser trabajador autónomo es una profesión de riesgo y una carrera de fondo. Tienen que lidiar con las cuotas trimestrales del IRPF y del IVA, las facturas, los impagos, la relación con los clientes… Pero uno de los mayores riesgos es no hacer los números para la jubilación desde el primer día. Tener un plan B a la pensión pública y ahorrar durante los años previos a través de un Plan de Pensiones u otros vehículos, garantizará un futuro sin sobresaltos.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al primer trimestre de 2018, en España hay 18.874.200 personas ocupadas. Del total, 1.982.283 son autónomos dados de alta en la Seguridad Social (un 10%) y, de ellos, 811.344 tienen entre 36 y 49 años (un 4,2%). Cifras inferiores a las de hace 10 años, cuando superaban los dos millones.


Del total de personas ocupadas en España, los autónomos representan un 10%.
Los datos del INE indican que el 85,6 % de los autónomos no supera la base mínima de cotización, aunque, a partir de los 55 años de edad, el 28,9 % cotiza por una base superior a la mínima. Cifras que pueden relacionarse con la proximidad a la edad de jubilación.
Pero este último esfuerzo puede no ser suficiente, ya que, si consultamos los datos del Ministerio de Empleo de mayo de 2017, los autónomos reciben una pensión media de 709,42 euros. Lo que se traduce en casi 500 euros menos que la de un asalariado del Régimen General, que recibe 1.207,50 euros. Esto es así porque la reforma del Sistema de Pensiones, aprobada en 2011 y completada en 2013, introdujo muchas novedades.